Ciudad de México.— Con una mezcla de fe, tradición y responsabilidad, jóvenes de Iztapalapa se preparan para representar a Jesús de Nazaret y la Virgen María en la edición 183 de la tradicional Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Ixtapalapa, una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas del país.
Adolfo Morales, quien encarnará a Jesús, reconoce el peso simbólico que implica su papel más allá del esfuerzo físico. “Para mí es un orgullo, una bendición, pero también soy consciente de que es una gran responsabilidad. No solo cargo una cruz de 90 kilos, cargo la cruz de 183 años de tradición y la de un pueblo que refrenda su fe cada año”, expresó.
La representación, que reúne a miles de personas en los ocho barrios de Iztapalapa, es resultado de una organización comunitaria que ha trascendido generaciones y que mantiene viva una de las expresiones culturales más significativas de la capital.
Por su parte, Erika Jazmín Morales Hernández, quien dará vida a la Virgen María, destacó el valor de la confianza que deposita la comunidad en quienes participan. “Es una bendición y un agradecimiento. La comunidad confía en nosotros para representar este papel”, señaló.
Ambos coincidieron en que la motivación principal para participar surge de la fe, pero también del arraigo cultural. En el caso de Adolfo, la tradición tiene raíces familiares: “Un tío participó como Cristo en la década de los cuarentas. Es algo que viene de familia y del barrio de San Lucas, del que me siento orgulloso”.
Erika, en tanto, explicó que su participación también representa un paso importante dentro de su entorno cercano, al ser la primera integrante de su familia nuclear en formar parte de esta representación.
La Pasión de Cristo en Iztapalapa, reconocida incluso a nivel internacional, no solo es un acto religioso, sino también un evento cultural que convoca a miles de visitantes cada año y que pone a prueba la capacidad organizativa de la comunidad.
Los participantes hicieron un llamado a la ciudadanía para asistir y vivir esta tradición. “Los invitamos a acudir, a ver este mensaje de fe y amor que tienen los iztapalapenses”, concluyó Adolfo.


