Rescate tras 13 días expone riesgos en mina de Sinaloa; sobreviven dos

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El hallazgo con vida de un minero tras más de 13 días atrapado bajo tierra en Sinaloa reactivó el foco sobre las condiciones de seguridad en explotaciones mineras, en un rescate que, aunque celebrado, mantiene abiertas interrogantes sobre el origen del accidente y la respuesta operativa.

Francisco Zapata Nájera, de 42 años, fue localizado con vida la tarde del 7 de abril en la mina Santa Fe, en el municipio de El Rosario, luego de permanecer más de 312 horas atrapado tras el derrumbe ocurrido el 25 de marzo, de acuerdo con autoridades del operativo de rescate. Su ubicación en una zona elevada habría sido determinante para sobrevivir a la acumulación de agua y lodo en las galerías inferiores.

El rescate fue posible tras el reforzamiento del sistema de bombeo y la remoción de sedimentos, lo que permitió a las brigadas avanzar hacia zonas previamente inaccesibles. Hasta el momento, el trabajador permanece bajo asistencia mientras se prepara su extracción, en un proceso que especialistas califican como de alto riesgo.

Se trata del segundo sobreviviente confirmado en este siniestro. Días antes, otro trabajador —identificado en reportes preliminares como José Alejandro Cástulo Colín— fue rescatado con vida tras más de 100 horas atrapado. Sin embargo, al menos dos mineros continúan en el interior: Abraham Aguilera Aguilera, de 32 años, y un tercer trabajador cuya identidad no ha sido confirmada oficialmente.

El operativo involucra a más de 300 rescatistas, entre ellos elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, Marina, Protección Civil y equipos especializados, en condiciones que siguen siendo críticas por la inestabilidad del terreno, la presencia de agua y el riesgo de nuevos colapsos.

Aunque el rescate ha generado una ola de reacciones positivas en redes sociales y entre familiares, el caso vuelve a poner bajo escrutinio la seguridad en la mina Santa Fe y, en general, en explotaciones similares, donde accidentes de este tipo suelen estar asociados a fallas estructurales, acumulación de gases, filtraciones o falta de supervisión técnica.

Hasta ahora, autoridades no han detallado públicamente las causas del derrumbe ni han informado sobre posibles responsabilidades administrativas o penales. Tampoco se ha precisado si la mina operaba bajo todas las condiciones de seguridad exigidas por la normativa vigente, un aspecto que suele ser determinante en este tipo de incidentes.

En paralelo, familiares de los trabajadores aún atrapados han pedido no reducir el ritmo de las labores de rescate, en un contexto donde cada avance implica riesgos para los equipos de emergencia.

El caso se mantiene abierto no solo como una operación de salvamento en curso, sino como un posible punto de inflexión para revisar las condiciones laborales y de seguridad en el sector minero, donde la combinación de factores técnicos y humanos continúa representando un riesgo estructural.