El Niño se fortalece y podría alcanzar intensidad histórica a finales de 2026; México prevé lluvias irregulares y más calor

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“Ya cruzamos la línea donde se establece El Niño y las proyecciones indican que podríamos rebasar el umbral de un Niño muy fuerte o, al menos, estar muy cerca”, afirmó Fabián Vázquez Romaña, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), al advertir que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante la segunda mitad de 2026 y podría colocarse entre los episodios más intensos registrados en las últimas décadas.

La advertencia se produce en un escenario de alta probabilidad de intensificación. La actualización difundida el 9 de julio por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica que El Niño ya está activo y tiene 97 por ciento de probabilidad de persistir hasta comienzos de la primavera de 2027.

El pronóstico más reciente calcula una posibilidad de 81 por ciento de que alcance la categoría “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. Para el trimestre noviembre de 2026-enero de 2027, la probabilidad se ubica en 75 por ciento. Estos datos actualizan el 63 por ciento mencionado durante la conferencia matutina del Gobierno de México, cifra basada en una proyección previa.

La expresión técnicamente correcta es “El Niño muy fuerte”. Términos como “superfuerte” o “superniño”, utilizados en redes sociales y algunos encabezados, no forman parte de la clasificación oficial de los organismos meteorológicos.

El océano Pacífico continúa calentándose

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se presenta cuando aumenta de forma sostenida la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental, generando cambios en los vientos, la circulación atmosférica, las lluvias y las temperaturas en distintas regiones del mundo.

Durante el último mes, la anomalía semanal de temperatura en la región Niño 3.4 alcanzó 1.2 grados Celsius por encima del promedio, mientras que en la región oriental Niño 1+2 llegó a 2.7 grados. La NOAA también detectó cambios en los vientos y en la actividad atmosférica que confirman el fortalecimiento del fenómeno.

Vázquez Romaña señaló que la temperatura superficial del mar en la región vigilada alcanzó 29.2 grados Celsius, muy cerca de los 29.4 grados registrados durante el episodio de 2015-2016. Desde la década de 1980, los eventos considerados muy fuertes incluyen los periodos 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.

No obstante, la intensidad del calentamiento oceánico no significa que todos los efectos serán igualmente graves en todas las regiones. La propia NOAA advierte que incluso los episodios más fuertes no garantizan impactos típicos en todos los lugares, aunque sí aumentan la probabilidad de determinados patrones climáticos.

Julio y agosto: menos lluvia en algunas regiones

Para México, los primeros efectos previstos no apuntan a lluvias generalizadas durante todos los meses. La perspectiva climática consensuada por el SMN y otras instituciones anticipa una señal seca durante julio y agosto, principalmente desde el noreste hacia regiones del sur del país, comportamiento asociado también con la fase más intensa de la canícula.

Esto significa que algunas zonas podrían registrar precipitaciones por debajo de sus promedios históricos, aunque continúen presentándose tormentas fuertes o lluvias intensas de corta duración. Una perspectiva mensual no elimina la posibilidad de episodios extremos; se refiere al acumulado esperado durante todo el periodo.

Las condiciones podrían afectar especialmente a la agricultura de temporal, debido a que una distribución irregular de las lluvias puede retrasar las siembras, disminuir la humedad del suelo y reducir el rendimiento de los cultivos.

Sin embargo, no es posible afirmar que estados completos sufrirán sequía únicamente por la presencia de El Niño. Las condiciones varían dentro de cada entidad y dependen también de ondas tropicales, ciclones, frentes fríos y sistemas atmosféricos regionales.

Recuperación de lluvias hacia septiembre

El consenso interinstitucional anticipa una recuperación de las precipitaciones durante septiembre, con condiciones cercanas al promedio histórico en gran parte del país y lluvias superiores a lo habitual en sectores del noroeste y a lo largo de la frontera norte.

Vázquez Romaña explicó que septiembre y octubre coinciden con el periodo de mayor actividad ciclónica, además del ingreso de los primeros frentes fríos, lo que podría incrementar las lluvias en distintas regiones.

Para octubre, no obstante, aumenta la incertidumbre. Los modelos muestran lluvias por encima del promedio en algunas zonas del norte, noreste, centro-norte y centro-occidente, pero no existe suficiente consenso para establecer un escenario uniforme en la mayor parte del territorio nacional.

Por ello, sería incorrecto afirmar que todo México tendrá lluvias torrenciales de manera continua hasta 2027. El escenario más probable es de precipitaciones irregulares y contrastantes, con periodos deficitarios en algunas regiones y eventos intensos en otras.

Mayor actividad ciclónica en el Pacífico

El calentamiento del Pacífico puede favorecer una mayor actividad de ciclones tropicales en esa cuenca. El pronóstico del SMN para la temporada 2026 contempla entre 18 y 21 sistemas en el océano Pacífico y entre 11 y 15 en el Atlántico.

Esto no significa que todos los ciclones tocarán tierra ni que necesariamente afectarán a México. El número se refiere a sistemas que podrían formarse en cada cuenca; su trayectoria, intensidad y posibilidad de impacto solo pueden determinarse conforme evolucionen.

Aun así, la interacción de ciclones, ondas tropicales y frentes fríos podría generar episodios de lluvia intensa, inundaciones, deslaves y crecidas de ríos, especialmente en comunidades con infraestructura deficiente o asentadas en zonas de riesgo.

¿Qué se espera para el invierno?

Durante el invierno 2026-2027, el SMN prevé que El Niño favorezca un aumento de las lluvias en el norte del país, así como una mayor presencia de frentes fríos y tormentas invernales.

No obstante, todavía no es posible precisar cuántos frentes fríos se presentarán, qué estados recibirán las mayores precipitaciones o si las temperaturas estarán por debajo del promedio en todo el norte y centro del territorio.

Las proyecciones de largo plazo expresan probabilidades generales. Los pronósticos específicos sobre lluvias, heladas, nevadas o vientos deberán actualizarse conforme se acerquen los meses de invierno.

Primavera de 2027: riesgo de calor e incendios

Vázquez Romaña advirtió que una disminución de las lluvias durante determinados periodos, combinada con temperaturas elevadas y pérdida de humedad en la vegetación, podría favorecer olas de calor, incendios forestales y problemas de calidad del aire durante la primavera de 2027.

Sin embargo, hasta ahora no existe un pronóstico oficial que permita asegurar una sequía generalizada en todo México durante 2027. Ese escenario dependerá de la cantidad y distribución de las lluvias acumuladas, los niveles de presas y acuíferos, la humedad del suelo y la evolución del propio fenómeno.

El Niño suele debilitarse durante la primavera, pero la NOAA calcula que existe una alta probabilidad de que permanezca activo hasta el inicio de esa estación. Su actualización siguiente está prevista para el 13 de agosto de 2026.

Agricultura, agua y salud, entre los sectores expuestos

La variabilidad de las precipitaciones representa un desafío para productores agrícolas y ganaderos. La falta de lluvia durante etapas críticas puede disminuir los rendimientos, mientras que los excesos repentinos pueden provocar erosión, pérdida de cultivos y daños a caminos rurales.

En materia hídrica, las lluvias de finales de año podrían contribuir a la recuperación de presas y cuerpos de agua en algunas regiones, pero también elevar el riesgo de desbordamientos. La captación pluvial, la reducción de fugas y el manejo preventivo de la infraestructura serán fundamentales para aprovechar los periodos húmedos.

Las temperaturas superiores al promedio también pueden aumentar los riesgos de deshidratación, golpes de calor y complicaciones en personas adultas mayores, niñas, niños y pacientes con enfermedades crónicas.

Cambio climático aumenta la vulnerabilidad

El Niño es un fenómeno natural que ha ocurrido durante siglos, pero actualmente se desarrolla en un planeta más cálido. El cambio climático puede intensificar algunos de sus efectos, al elevar la temperatura del aire y de los océanos, aumentar la evaporación y favorecer lluvias más intensas cuando existen condiciones atmosféricas adecuadas.

Esto no significa que cada inundación, sequía o incendio sea causado directamente por El Niño. Para establecer esa relación se requieren análisis científicos específicos que consideren otros factores meteorológicos y ambientales.

Preparación sin alarmismo

El pronóstico representa una herramienta para planificar, no una sentencia de desastre. La incertidumbre aumenta conforme el horizonte temporal se amplía, por lo que las perspectivas deberán ajustarse cada mes con nuevas observaciones.

Las autoridades recomiendan mantener limpios drenajes y cauces, evitar cruzar corrientes de agua, identificar rutas de evacuación y seguir los avisos del SMN y Protección Civil durante los episodios de lluvia.

Para enfrentar posibles periodos secos, es necesario fortalecer el ahorro y la captación de agua, revisar los calendarios agrícolas y reducir la acumulación de material combustible en zonas forestales.

México se encamina hacia un periodo de mayor variabilidad climática: El Niño puede favorecer lluvias intensas, pero también déficits regionales y temperaturas superiores al promedio. La magnitud final de los impactos dependerá de su evolución y de la capacidad de prevención de autoridades, sectores productivos y ciudadanía.