Cyclospora desafía la desinfección casera; especialistas llaman a reforzar la inocuidad alimentaria

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La presencia del parásito Cyclospora cayetanensis ha puesto en evidencia que las prácticas habituales de desinfección en el hogar no siempre son suficientes para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos contaminados desde su origen, por lo que especialistas advierten que la seguridad alimentaria depende también de la vigilancia sanitaria a lo largo de toda la cadena de producción.
“Cuando se confirma el diagnóstico, el tratamiento de elección es el antibiótico trimetoprim-sulfametoxazol”, explicó Jorge Ismael Castañeda Sánchez, profesor investigador del Departamento de Sistemas Biológicos de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), quien señaló que el principal riesgo para los pacientes es la deshidratación provocada por la diarrea persistente.
El especialista indicó que la enfermedad causada por este protozoario, conocida como ciclosporiasis, suele manifestarse con diarrea persistente —que en algunos casos puede ser intensa o “explosiva”—, además de náuseas, dolor abdominal, pérdida del apetito y fatiga. Aunque generalmente no representa un riesgo mortal para personas sanas, puede complicarse en quienes tienen el sistema inmunológico debilitado.
Castañeda Sánchez explicó que Cyclospora cayetanensis requiere entre dos y tres semanas para convertirse en un organismo capaz de infectar a las personas, una vez que los alimentos han sido contaminados con agua que contiene materia fecal.
“Una de sus características más importantes es que presenta distintas etapas de desarrollo antes de alcanzar la fase infectante. Una vez que los alimentos se contaminan con agua que contiene heces, el protozoario necesita entre dos y tres semanas para madurar y volverse capaz de infectar”, detalló.
El investigador subrayó que el parásito suele encontrarse en frutas y verduras que se consumen crudas, como lechugas o fresas, por lo que el problema no necesariamente radica en la desinfección doméstica, sino en las condiciones sanitarias durante la producción, cosecha, transporte y distribución de los alimentos.
Asimismo, advirtió que persisten diversos mitos sobre la limpieza de frutas y verduras.
“Enjuagar los alimentos únicamente bajo el chorro de agua no garantiza la eliminación de quistes ni de otros parásitos”, afirmó. Agregó que productos como vinagre, bicarbonato o limón ayudan a retirar suciedad superficial, pero no eliminan estructuras parasitarias como Cyclospora.
El académico señaló que, ante síntomas compatibles con la enfermedad, es importante solicitar estudios específicos, ya que la búsqueda de este parásito no forma parte de los análisis coproparasitarios de rutina, lo que puede retrasar su identificación.
Investigación en Estados Unidos
El tema ha cobrado relevancia internacional luego de que Estados Unidos reportara durante julio un incremento de casos de ciclosporiasis.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han confirmado más de 1,600 casos distribuidos en 34 estados, mientras la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) mantiene abierta una investigación para identificar el origen del brote.
Las primeras investigaciones apuntaron hacia lechuga iceberg utilizada en restaurantes, e incluso la FDA informó inicialmente que una muestra proveniente de México había resultado positiva; sin embargo, el 19 de julio rectificó esa información tras confirmar que se trató de un falso positivo. Hasta ahora, las autoridades estadounidenses no han identificado una fuente única de contaminación.
En México, la Secretaría de Salud informó el 21 de julio la detección de tres casos de Cyclospora, aunque aclaró que no existe evidencia de un brote activo.
Al respecto, el secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, afirmó que la situación “no se sale de la epidemiología común y corriente”, mientras Cofepris y Senasica colaboran con las autoridades sanitarias estadounidenses para rastrear el posible origen de la contaminación.
La prevención comienza antes de llegar a la mesa
Para el doctor en Ciencias Biológicas y de la Salud Ernesto Rodríguez Tobón, profesor de la Unidad Iztapalapa de la UAM, el caso demuestra la necesidad de fortalecer la inocuidad desde el campo.
El especialista señaló que un alimento puede verse fresco, tener buen olor y sabor, pero aun así estar contaminado, por lo que consideró indispensable reforzar la supervisión sanitaria, la trazabilidad de los productos y la capacitación de quienes participan en la producción agroalimentaria.
Rodríguez Tobón agregó que también es necesario desarrollar métodos científicos que permitan detectar este tipo de microorganismos antes de que los alimentos lleguen al consumidor.
Pese a estos riesgos, ambos especialistas coincidieron en que no debe dejarse de consumir frutas y verduras, ya que forman parte esencial de una alimentación saludable. La clave, señalaron, está en fortalecer la vigilancia sanitaria durante toda la cadena de producción y mantener las medidas de higiene recomendadas, entendiendo que la seguridad alimentaria depende de la responsabilidad compartida entre productores, autoridades y consumidores.