La inteligencia artificial puede producir textos que aparentan comprensión, sensibilidad e incluso empatía, pero detrás de esas respuestas no existe emoción ni entendimiento humano, advirtió Pablo Pruneda Gross, titular del Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial de la UNAM.
“Te puede escribir el poema más sublime del universo y, sin embargo, no tener ninguna emoción detrás de ese texto”, alertó el académico al participar en el conversatorio “El algoritmo es el mensaje. La inteligencia artificial en la coyuntura actual de Norteamérica”.
Pruneda Gross explicó que los mecanismos utilizados por la IA alcanzan niveles cada vez más sofisticados y pueden generar la apariencia de que comprenden la realidad e incluso ofrecer la respuesta que parece más adecuada para una persona.
Sin embargo, enfatizó, esa capacidad no significa que los sistemas entiendan conceptos humanos como la empatía o experimenten las emociones que pueden transmitir mediante un texto.
Una tecnología que avanza a velocidad inédita
Durante el encuentro organizado por el Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), el especialista advirtió que otro de los grandes retos de la inteligencia artificial es la rapidez con la que evoluciona.
“Nunca habíamos visto una tecnología que avanzara tan rápido”, aseguró.
Paradójicamente, agregó, los seres humanos poseen una enorme capacidad de adaptación, lo que provoca que avances que hace poco resultaban sorprendentes rápidamente se incorporen a la vida cotidiana y dejen de causar asombro.
El académico consideró que pocas veces una innovación tecnológica obligó a replantear cuestiones desde su esencia, lo que representa también un desafío para las instituciones.
Además, llamó la atención sobre el origen de los sistemas de IA más sofisticados, pues su desarrollo no está encabezado principalmente por gobiernos o universidades, sino por la iniciativa privada.
Algoritmos deciden parte de lo que vemos
Pruneda Gross también advirtió sobre los sistemas que seleccionan y recomiendan los contenidos consumidos por los usuarios en las plataformas digitales.
Explicó que estos mecanismos tienden a mostrar aquello que las personas quieren ver o temas relacionados con sus intereses, una dinámica diseñada para generar mayor apego y permanencia en las plataformas.
El problema, señaló, adquiere especial relevancia porque gran parte de la población utiliza las redes sociales para informarse, por lo que puede quedar expuesta a sesgos derivados de la selección algorítmica de contenidos.
La IA también obliga a redefinir el plagio
El especialista planteó que el avance de estas herramientas obliga a revisar incluso conceptos tradicionalmente utilizados en el ámbito académico, entre ellos el plagio.
A su juicio, el problema ya no consiste solamente en apropiarse del trabajo realizado por otra persona, sino en asumir la autoría de algo que ningún ser humano creó directamente, sino que fue producido por una máquina.
En el conversatorio, moderado por el director del CISAN, Juan Carlos Barrón Pastor, la investigadora Ximena Gutierrez Vasques recordó que las computadoras comenzaron “a hablar nuestra lengua”, transformación que modificó de manera profunda la interacción entre humanos y máquinas.
Actualmente, señaló, una persona puede pedir a un sistema que programe, converse con ella e incluso que le proporcione apoyo relacionado con su salud mental.
Por su parte, José Antonio Martínez Díez Barroso, becario posdoctoral del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información, expuso que, según cifras del Pew Research Center citadas durante el encuentro, en 2026 se estima que aproximadamente 50% del contenido en internet tiene alguna intervención de inteligencia artificial, incluidos textos y videos.
El crecimiento de la IA también plantea un desafío energético. Martínez Díez Barroso señaló que para 2030 se prevé que los centros de datos a nivel mundial consuman 945 teravatios-hora, cantidad equivalente, según la comparación presentada en el conversatorio, a la energía que México utiliza en tres años o Japón en uno.


