La temperatura de la Ciudad de México mantiene una tendencia ascendente desde 1990, con un incremento de 0.34 grados Celsius por década durante los últimos 36 años, advirtió Erik Velasco Saldaña, investigador del Molina Center for Energy and the Environment, quien señaló que el cambio climático y la creciente urbanización están acelerando el calentamiento de la capital.
De mantenerse esa tendencia, el aumento equivaldría a entre 3.4 y 3.5 grados Celsius por siglo. En un escenario desfavorable asociado al cambio climático, el especialista señaló que la temperatura podría elevarse más de seis grados en los próximos 100 años.
“Esto significa entre 3.4 y 3.5 grados por siglo. Y con las proyecciones desfavorables en base al cambio climático, el escenario más pesimista indica que en 100 años la temperatura podría aumentar más de seis grados”, explicó.
El investigador abordó el fenómeno durante el ciclo de conferencias “Resiliencia y mitigación del cambio climático en ciudades”, organizado por el Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.
Islas de calor modifican el entorno urbano
Durante el panel “Tecnologías urbanas para detectar y abatir islas de calor”, Velasco Saldaña explicó que las temperaturas habituales de la capital oscilan, en promedio, entre mínimas de nueve o 10 grados y máximas de 25 o 26 grados Celsius.
A pesar del incremento registrado, consideró que la Ciudad de México todavía conserva condiciones climáticas favorables y señaló que existe margen para implementar medidas de mitigación y adaptación antes de alcanzar escenarios como los registrados en ciudades como Nueva Delhi o Tokio, donde se han presentado temperaturas superiores a los 40 grados.
El especialista sostuvo que la capital todavía no alcanza un umbral en el que el calor afecte directamente a la salud pública; sin embargo, advirtió que sus efectos indirectos ya pueden representar riesgos para grupos vulnerables y para el ecosistema urbano.
Entre las causas identificó la combinación del cambio climático con el crecimiento de las zonas urbanizadas, fenómeno que favorece la formación de islas de calor, es decir, áreas de la ciudad que registran temperaturas significativamente mayores respecto de otras zonas urbanas o rurales.
Más calor puede agravar contaminación, lluvias e incendios
El calentamiento urbano no se limita al aumento de la temperatura. De acuerdo con Velasco Saldaña, también puede modificar los patrones meteorológicos y favorecer cambios en las lluvias, aguaceros e inundaciones, además de reducir la evapotranspiración.
Las altas temperaturas también tienen efectos sobre la calidad del aire debido a una química atmosférica más activa y cambios en las emisiones de diferentes compuestos.
A ello se suma el posible incremento de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono asociado al mayor uso de aire acondicionado y metano proveniente de rellenos sanitarios y aguas residuales.
Otro de los riesgos es el aumento de incendios, particularmente ante la falta de agua para irrigación y en las zonas donde convergen áreas urbanas y rurales.
Más árboles y refugios climáticos, entre las alternativas
Durante el encuentro, Elvira Jiménez Navarro, coordinadora de campañas de Greenpeace España, planteó que las ciudades deben prepararse para temperaturas más elevadas mediante modelos urbanos que coloquen a las personas y a la biodiversidad en el centro de la planificación.
Entre las medidas mencionó la creación de refugios climáticos, espacios públicos o privados dirigidos especialmente a población vulnerable, donde puedan mantenerse temperaturas interiores de entre 26 y 27 grados Celsius y existan lugares para descansar.
También propuso incrementar las coberturas verdes y la plantación de árboles, con el objetivo de contrarrestar superficies pavimentadas y desarrollar ecosistemas urbanos capaces de contribuir a la regulación de la temperatura.
El reto para la Ciudad de México, de acuerdo con los especialistas participantes, será contener los efectos combinados de la urbanización y el cambio climático mediante medidas de adaptación que reduzcan las islas de calor y protejan especialmente a la población más vulnerable.


