Comer “saludable” y ganar músculo: cuando la obsesión pone en riesgo la salud

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La preocupación por comer únicamente alimentos considerados saludables o aumentar la masa muscular puede afectar la salud física y mental cuando se vuelve obsesiva, genera angustia e interfiere con la vida cotidiana, advirtió el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM).

Ana Isabel Mercado Bernal, psicóloga de la Clínica de Consulta Externa Lázaro Cárdenas, explicó que la ortorexia y la vigorexia están relacionadas con conductas alimentarias e imagen corporal que requieren atención profesional cuando perjudican el bienestar.

La especialista señaló que la exposición constante en redes sociales a modelos idealizados de alimentación y apariencia física puede contribuir a estas preocupaciones entre adolescentes y jóvenes.

Restricciones que provocan culpa y aislamiento

La ortorexia se refiere a una preocupación obsesiva por la alimentación considerada “sana”, que puede llevar a eliminar grupos completos de alimentos, experimentar culpa al romper reglas autoimpuestas y evitar reuniones para no comer fuera de casa.

El problema se presenta cuando esa rigidez compromete la alimentación, las relaciones sociales o el bienestar emocional. Su clasificación como diagnóstico independiente continúa en debate clínico.

Entre las señales descritas por Mercado Bernal se encuentran las restricciones excesivas, la angustia ante determinados alimentos y el aislamiento para mantener el control de lo que se consume.

Insatisfacción corporal pese al entrenamiento

La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular, se relaciona con la preocupación persistente de que el cuerpo es demasiado pequeño o insuficientemente musculoso. Se reconoce como una manifestación del trastorno dismórfico corporal.

De acuerdo con la especialista del ISSEMYM, puede manifestarse mediante insatisfacción corporal constante, ejercicio excesivo y consumo de suplementos sin supervisión profesional.

Ambas problemáticas pueden coexistir con ansiedad, depresión, pensamientos obsesivos o conductas compulsivas, por lo que su atención debe responder a las necesidades de cada persona.

La encuesta mide riesgo, no diagnósticos

Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022 encontró que 1.6 por ciento de adolescentes de entre 10 y 19 años presentaba riesgo alto de un trastorno de la conducta alimentaria: dos por ciento entre mujeres y 1.2 por ciento entre hombres.

Este indicador identifica conductas de riesgo; no equivale a un diagnóstico ni mide específicamente ortorexia o vigorexia. El estudio reportó mayores proporciones entre adolescentes de 14 a 19 años, en localidades urbanas y en la región centro del país.

Atención integral y apoyo familiar

Mercado Bernal destacó que la detección temprana y el acompañamiento familiar contribuyen a prevenir complicaciones. La atención puede incluir servicios médicos, psicológicos, psiquiátricos y nutricionales, según la valoración de cada paciente.

El ISSEMYM exhortó a las personas derechohabientes a acudir a su clínica de adscripción ante señales de alerta. La ubicación de unidades y los servicios disponibles pueden consultarse en su portal institucional.