Conocer el origen del pescado, su aporte nutricional y las prácticas utilizadas para producirlo son factores que pueden ayudar a tomar decisiones de consumo más informadas. En el marco del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora el 16 de octubre, la acuacultura se presenta como una alternativa para complementar el suministro de productos del mar, aunque su impacto depende de las prácticas ambientales y productivas que se apliquen.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 89% de la producción mundial de animales acuáticos se destina al consumo humano y estos alimentos aportan al menos una quinta parte de la proteína animal consumida por 3 mil 100 millones de personas.
Ante la demanda de alimentos y los desafíos relacionados con el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales, la empresa Santomar, dedicada a la acuacultura, propone cinco aspectos para considerar al elegir productos del mar.
1. Revisar el aporte nutricional
Los pescados y mariscos aportan proteínas y otros nutrientes que pueden formar parte de una dieta equilibrada. Su composición varía según la especie, por lo que conocer sus características ayuda a diversificar las fuentes de proteína.
Como ejemplo, Santomar señala que su huachinango contiene aproximadamente 23 gramos de proteína por cada 100 gramos. Este dato corresponde al producto mencionado por la empresa.
2. Conocer la procedencia del producto
La trazabilidad permite dar seguimiento al recorrido de un alimento desde su origen hasta su comercialización. En la acuacultura, esto puede incluir información sobre el cultivo, la cosecha, el procesamiento y la distribución.
Santomar afirma que mantiene registros de sus especies durante las distintas etapas de producción. Para los consumidores, conocer esta información puede facilitar la identificación del origen y de los procesos por los que pasó el pescado antes de llegar al punto de venta.
3. Considerar cómo se garantiza el suministro
La disponibilidad de pescado puede variar por las temporadas de captura, las vedas y las condiciones ambientales. La acuacultura permite planificar ciclos de producción y complementar la oferta procedente de la pesca extractiva.
Sin embargo, mantener un suministro constante no garantiza por sí mismo que la producción sea sostenible. También es necesario considerar el uso de recursos, los efectos sobre los ecosistemas y el cumplimiento de las normas aplicables.
4. Evaluar las prácticas de producción
La tecnología y el monitoreo pueden contribuir al seguimiento de los organismos y al control de los procesos de cultivo. Santomar refiere que utiliza herramientas como drones submarinos y sistemas automatizados para apoyar el manejo de sus especies.
La empresa también informa que cuenta con la certificación Best Aquaculture Practices (BAP) de cuatro estrellas, que contempla diferentes etapas de la cadena productiva y criterios relacionados con el medio ambiente, el bienestar animal, la inocuidad y la trazabilidad.
Al elegir productos, los consumidores pueden revisar qué certificaciones tiene el productor y qué aspectos cubren, en lugar de asumir que cualquier método de cultivo es necesariamente sustentable.
5. Identificar las necesidades de cada especie
El huachinango, la totoaba y los ostiones tienen características biológicas y necesidades de manejo distintas. La investigación y el seguimiento de sus ciclos de vida permiten desarrollar prácticas específicas para su producción.
Según Santomar, el conocimiento de estas especies forma parte de su modelo de cultivo. Este enfoque pone de relieve la importancia de considerar las particularidades de cada organismo y del entorno en el que se desarrolla.
Un consumo informado frente al reto alimentario
La elección responsable de pescado no depende únicamente de sus propiedades nutricionales o de su disponibilidad, sino también de la información sobre su procedencia y las condiciones en las que fue producido.
En el Día Mundial de la Alimentación, la FAO llama a impulsar sistemas agroalimentarios que favorezcan una mejor producción, nutrición y protección del medio ambiente. En ese contexto, conocer el origen de los alimentos y consultar la información disponible sobre sus métodos de producción son pasos que pueden contribuir a decisiones de consumo más conscientes.


