“La intersexualidad constituye una realidad biológica y social que desafía las formas tradicionales en que las sociedades han entendido el sexo, el género y el cuerpo”, señalaron especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), al destacar la importancia de abordar este tema desde una perspectiva de derechos humanos e inclusión.
Académicas de la Unidad Xochimilco de la UAM explicaron que la intersexualidad engloba diversas variaciones en los rasgos sexuales que pueden manifestarse desde el nacimiento, durante la pubertad o incluso en etapas posteriores de la vida, y que cuestionan las categorías convencionales utilizadas para clasificar a las personas como hombres o mujeres.
La maestra María Alejandra Sánchez Monroy detalló que el concepto hace referencia tanto a características biológicas específicas como a una categoría histórica que permite comprender cómo estas diferencias corporales han sido interpretadas y nombradas a lo largo del tiempo.
Recordó que durante décadas las personas intersexuales fueron identificadas mediante términos considerados actualmente inadecuados o estigmatizantes, como “hermafrodita” o “tercer sexo”, conceptos que han sido reemplazados por enfoques más respetuosos y acordes con los derechos humanos.
Aunque no existen estadísticas oficiales precisas debido a la diversidad de condiciones asociadas y a la falta de registros específicos, algunos estudios internacionales estiman que alrededor del 1.7 por ciento de la población podría presentar alguna variación intersexual, una cifra que continúa siendo objeto de análisis y debate entre especialistas.
Por su parte, la doctora Eva Alcántara Zavala, coordinadora de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM, explicó que la intersexualidad no debe confundirse con la identidad de género.
“Hay personas intersexuales que pueden adscribir una autopercepción no binaria, pero no significa que una persona no binaria sea intersexual”, puntualizó.
Las especialistas señalaron que históricamente muchas personas intersexuales han enfrentado procesos de medicalización orientados a modificar sus características corporales para ajustarlas a parámetros considerados socialmente aceptables.
Indicaron que, particularmente desde mediados del siglo XX, se promovieron intervenciones médicas y quirúrgicas tempranas destinadas a modificar rasgos sexuales considerados fuera de la norma, procedimientos que en numerosos casos se realizaron durante la infancia y sin el consentimiento de quienes posteriormente vivirían con sus consecuencias.
De acuerdo con Sánchez Monroy, diversos organismos internacionales de derechos humanos han cuestionado estas prácticas y han advertido sobre los riesgos físicos y psicológicos que pueden generar cuando se realizan sin necesidad médica urgente.
Las académicas subrayaron que las normas culturales relacionadas con el género y la sexualidad suelen influir en la manera en que se perciben los cuerpos intersexuales, generando presiones sociales para adecuarlos a modelos binarios previamente establecidos.
Explicaron que las expectativas sociales sobre apariencia, comportamiento, identidad y expresión de género pueden repercutir en el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes intersexuales, particularmente cuando enfrentan discriminación o falta de información adecuada.
Asimismo, señalaron que actualmente existen protocolos y lineamientos orientados a garantizar una atención médica respetuosa, basada en el acompañamiento, la información clara y la toma de decisiones informadas, privilegiando el interés superior de las personas afectadas.
Las especialistas coincidieron en que una comprensión interdisciplinaria de la intersexualidad permite visibilizar experiencias históricamente ignoradas y avanzar hacia una sociedad más incluyente, donde la diversidad corporal sea reconocida y respetada sin prejuicios ni discriminación.


