La final confirmó que el mejor futbol terminó imponiéndose. España ganó el Mundial

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España no sólo derrotó a Argentina. También venció el ambiente de presión que durante gran parte del Mundial acompañó a la selección albiceleste, convertida desde el inicio del torneo en el principal imán mediático por la presencia de Lionel Messi y por la posibilidad de que levantara una segunda Copa del Mundo.

Durante 120 minutos, España fue el equipo que propuso. Tuvo mayor posesión, controló el ritmo, obligó a Argentina a replegarse y generó las oportunidades más claras. La Roja fue fiel a la idea que la llevó hasta la final: presión alta, circulación rápida del balón y paciencia para encontrar espacios.

Argentina, en cambio, renunció por largos lapsos al protagonismo. Apostó por defender cerca de su área, esperar un error y buscar alguna genialidad aislada de Messi o una transición rápida. El planteamiento le permitió sobrevivir durante buena parte del encuentro, pero nunca controlar el partido.

Lo llamativo fue que, incluso con ese dominio español, las decisiones arbitrales volvieron a convertirse en tema de conversación.

España sufrió un gol anulado en la prórroga por una falta señalada antes de que terminara la jugada, una acción que el VAR ya no pudo revisar. También hubo debate sobre la permanencia en el campo de algunos futbolistas argentinos que, según diversos analistas arbitrales, acumulaban infracciones que pudieron derivar en una segunda amonestación. Por el contrario, la expulsión de Enzo Fernández fue considerada correcta por varios exárbitros al tratarse de una segunda tarjeta amarilla por una entrada imprudente.

Sin embargo, el arbitraje no cambió el desarrollo general del encuentro.

España siguió atacando.

Argentina siguió resistiendo.

Y el gol terminó llegando por simple insistencia.

¿Hubo favoritismo hacia Argentina?

Esa afirmación no puede sostenerse como un hecho.

Lo que sí puede afirmarse es que durante el Mundial existió una percepción constante de que muchas decisiones arbitrales favorables a Argentina alimentaban la polémica, especialmente en redes sociales y entre analistas, hasta el punto de que el debate sobre el VAR y los árbitros acompañó prácticamente todo el torneo.

Pero una percepción no equivale a una prueba.

En la final, incluso quienes criticaron el arbitraje coinciden en algo: España fue superior futbolísticamente.

Controló la posesión, obligó a Argentina a defender durante gran parte del partido y terminó encontrando el gol que tanto había buscado.

Al final, el futbol puso las cosas en su lugar.

España levantó la Copa porque fue el mejor equipo del campeonato, no por una decisión arbitral aislada. Su título se construyó con una identidad clara, una defensa casi impenetrable y un futbol colectivo que terminó imponiéndose al talento individual de la campeona defensora.

Más allá de las polémicas que seguirán alimentando el debate durante semanas, la imagen que quedará del Mundial 2026 será la de una selección española que volvió a conquistar el planeta jugando mejor que todos sus rivales.