La tragedia en Venezuela evidencia que los desastres sísmicos también son consecuencia de la falta de prevención: UAM

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“Estos no son desastres naturales; en realidad, son desastres socio-organizativos”, afirmó Delfino Hernández Lascares, profesor investigador del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa, al analizar las causas que agravaron las consecuencias del doble terremoto que devastó el norte de Venezuela.
El especialista en gestión integral del riesgo explicó que la magnitud de la tragedia, que hasta el momento ha dejado más de mil 700 personas fallecidas, alrededor de cinco mil lesionadas y un número aún indeterminado de desaparecidos, no puede atribuirse únicamente a la intensidad de los movimientos telúricos registrados el pasado 24 de junio.
Hernández Lascares sostuvo que un terremoto, por sí solo, no representa un desastre si ocurre en una zona despoblada; la tragedia, dijo, surge cuando existen asentamientos humanos vulnerables, construcciones deficientes, falta de mantenimiento y una insuficiente cultura de prevención.
El investigador explicó que el fenómeno registrado en Venezuela fue un inusual “doblete sísmico”, integrado por dos movimientos de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia y a profundidades de entre 10 y 20 kilómetros, lo que permitió que la energía sísmica alcanzara con mayor intensidad la superficie.
A ello se sumaron factores como la antigüedad de numerosas edificaciones, reglamentos de construcción desactualizados, limitada supervisión preventiva y años de rezago en el mantenimiento de la infraestructura.
El especialista destacó además que el subsuelo de Caracas, compuesto principalmente por arcillas, arenas y gravas, favorece la amplificación de las ondas sísmicas, incrementando el impacto de los terremotos sobre las construcciones.
México mantiene una condición de alta vulnerabilidad
Delfino Hernández advirtió que México comparte condiciones de riesgo sísmico debido a que su territorio se ubica sobre la interacción de cinco placas tectónicas, por lo que la prevención debe mantenerse como una prioridad permanente.
Aunque reconoció que el país ha fortalecido significativamente sus sistemas de monitoreo y respuesta tras los sismos de 1985 y 2017, señaló que aún existen retos importantes, entre ellos verificar continuamente el estado estructural de viviendas y edificios, cumplir los protocolos internos de protección civil y evitar la autoconstrucción sin supervisión profesional.
El investigador destacó que el Servicio Sismológico Nacional, los reglamentos de construcción y los sistemas de Protección Civil han permitido mejorar la capacidad de respuesta ante este tipo de fenómenos.
La inteligencia artificial comienza a apoyar la prevención
Hernández Lascares explicó que actualmente la inteligencia artificial ya se utiliza para modelar el comportamiento de las ondas sísmicas y proyectar escenarios sobre las zonas donde podrían concentrarse los mayores daños.
Como ejemplo citó a ciudades como Los Ángeles, donde estas herramientas permiten estimar la propagación de las ondas para fortalecer medidas preventivas en edificios, puentes e infraestructura estratégica.
Asimismo, mencionó que en China se desarrollan nuevos sensores orientados a perfeccionar los sistemas de alerta temprana, aunque reconoció que estas tecnologías todavía se encuentran en etapas iniciales.
También cambió la forma de medir los sismos
Durante la entrevista, el académico aclaró que varios términos utilizados de manera cotidiana por la población y algunos medios de comunicación ya no corresponden al lenguaje científico actual.
Precisó que la llamada escala de Richter dejó de utilizarse como referencia principal y actualmente los terremotos se reportan mediante la Escala de Magnitud de Momento (Mw), considerada más precisa para medir la energía liberada durante un sismo.
También señaló que expresiones como “sismo oscilatorio” o “trepidatorio” forman parte del lenguaje popular, pero ya no constituyen clasificaciones científicas, debido a que un mismo evento puede presentar distintos tipos de desplazamiento.
La reconstrucción tardará décadas
Finalmente, Delfino Hernández estimó que la recuperación de parte de la infraestructura dañada en Venezuela podría prolongarse al menos 30 años, además de enfrentar consecuencias sanitarias, económicas y sociales derivadas del desastre.
Recordó que experiencias como las vividas en Japón y Turquía permitieron fortalecer sus sistemas de prevención y construcción, por lo que consideró que la tragedia venezolana también debe convertirse en una oportunidad para replantear las políticas de ordenamiento urbano, mantenimiento estructural y gestión integral del riesgo, con el objetivo de disminuir la vulnerabilidad frente a futuros terremotos.