Que la violencia no sea la última palabra: Isaac Montoya

0
2

“Lo que ocurrió con Lobito no puede quedar como una anécdota de crueldad; debe ser un punto de inflexión para la conciencia social sobre los seres sintientes”, afirmó el presidente municipal Isaac Montoya Márquez al encabezar la rehabilitación integral de la Segunda Cerrada de Santa Úrsula, en la colonia San Lorenzo Totolinga, un sitio que recientemente fue escenario de un caso de maltrato animal que generó indignación en Naucalpan.
El espacio, donde a finales de enero el perro comunitario “Lobito” fue arrojado desde una altura cercana a los 10 metros, fue intervenido mediante el programa Huellas de la Transformación y rebautizado como “Callejón del Lobito”, con la intención de resignificar el lugar y convertirlo en un símbolo de empatía, justicia y convivencia vecinal.
La intervención incluyó pavimentación, iluminación, limpieza, balizamiento y la realización de un mural conmemorativo, acciones que buscan mejorar la seguridad y el entorno urbano, pero también enviar un mensaje público frente a la violencia. De acuerdo con autoridades municipales, los trabajos contemplaron 26 toneladas de asfalto, la instalación de 18 luminarias, dos postes nuevos, así como la recolección de más de siete toneladas de residuos. El mural fue realizado por el artista Canek Leyva.
Durante el acto, Montoya Márquez subrayó que la reacción institucional ante el caso de Lobito no se limita a la obra pública, sino a reconocer la gravedad del maltrato animal y promover una cultura de respeto hacia los seres sintientes. “Este espacio debe recordarnos que la violencia no puede normalizarse y que como comunidad tenemos responsabilidades compartidas”, señaló.
Vecinas y vecinos del andador, así como personal del Centro Médico Veterinario y de Bienestar y Protección Animal de Naucalpan, estuvieron presentes en la reapertura del espacio. También se reconoció a Don Camilo y la señora María Antonieta, cuidadores de Lobito, y a la organización Mundo Patitas, por su acompañamiento en la atención del animal.
Lobito, un perro de edad avanzada que habitó la zona por más de una década, sobrevivió a la agresión y a una intervención quirúrgica, y hoy se mantiene como un referente comunitario. Para el gobierno municipal, la transformación del callejón busca marcar un precedente sobre cómo la gestión pública puede responder a hechos de violencia, no solo reparando el daño material, sino promoviendo memoria, conciencia y cohesión social.