Usuarios del transporte público pierden 140 horas al año por el tráfico, advierte directivo de CISA

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Las personas que utilizan transporte público pierden, en promedio, 140 horas anuales por la congestión vial, frente a las 94 horas de quienes viajan en vehículos privados, señaló Adrián Escamilla, director ejecutivo de Grupo CISA, al analizar los resultados del estudio Costo del Tráfico 2026.

El directivo citó la investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Dat’s Why y la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), que estima en 203 mil millones de pesos anuales el costo de la congestión en 44 ciudades del país.

Escamilla sostuvo que México difícilmente reducirá el tráfico mientras el transporte público compita en desventaja frente al automóvil y la motocicleta. Si estas alternativas permiten llegar más rápido, explicó, las personas buscarán utilizarlas, incluso cuando impliquen un gasto mayor.

Sin embargo, advirtió que el aumento de vehículos particulares añade presión a las vialidades y alimenta la congestión. Por ello, planteó reconocer al transporte público como infraestructura estratégica para el funcionamiento de las ciudades y la actividad económica.

Renovar autobuses no basta

El director ejecutivo de CISA señaló que incorporar unidades nuevas no garantiza traslados más rápidos si no existen prioridad de circulación, conexiones entre modalidades, redes integradas y esquemas de integración tarifaria.

También cuestionó la separación entre las políticas de movilidad y desarrollo urbano, pues consideró que la descoordinación gubernamental impide construir soluciones congruentes y duraderas.

Para modificar ese escenario, propuso tres decisiones: reconocer la movilidad como un asunto estratégico de interés nacional; garantizar financiamiento suficiente y sostenido, tomando como referencia un porcentaje del Producto Interno Bruto; y establecer la integración de los sistemas como una obligación de política pública.

Esta última medida, explicó, permitiría evitar proyectos locales aislados y favorecer la articulación de las distintas modalidades de transporte.

El costo también se mide en tiempo de vida

Escamilla destacó que los efectos de una movilidad deficiente son desiguales. Las personas de menores ingresos suelen depender del transporte público y, cuando habitan en zonas periféricas, pueden enfrentar desplazamientos todavía más prolongados.

Las 140 horas anuales perdidas por sus usuarios representan 46 horas más que las registradas entre quienes utilizan vehículos privados, según las cifras citadas por el directivo.

Además del impacto económico, señaló que estos tiempos reducen las oportunidades para estudiar, descansar, convivir con la familia y realizar otras actividades.

“Mientras eso no lo entendamos y comprendamos que el tiempo es vida, en realidad lo que estamos decidiendo es cuánto vale perder vida todos los días en un autobús”, expresó.

El también exacadémico del Instituto Politécnico Nacional consideró que el diagnóstico debe servir como una alerta para las autoridades. Sostuvo que la movilidad debe evaluarse por la capacidad de ofrecer desplazamientos rápidos, eficientes y accesibles, además del número de unidades incorporadas o de obras construidas.